Por Horacio Sanhueza B. Técnico en Administración, Licenciatura en Ciencias Empresariales, Master en Gestión de Empresas, Doctor (c) en Ciencias de la Dirección. . Director del Instituto de Administración de la UACh.
Todos hablamos del empleo, y los agentes políticos, sociales y económicos, cuando mejor les conviene parece que tienen recetas más o menos oportunas y mágicas para resolver la pérdida de puestos de trabajo, sobre todo en las grandes corporaciones, donde la metodología del trabajo y los avances tecnológicos en búsqueda de la competitividad generan irremediablemente dicha pérdida. La gran contradicción es que el objetivo prioritario del modelo económico imperante es producir más y más barato, lo que –al parecer- sólo se puede conseguir con menor costo de personal, o sea, con menos trabajadores.
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El dimensionamiento de las plantillas tiene que ser lo suficientemente flexible para que el empresario pueda ajustar su costo de mano de obra, lo que ocasiona que el contrato por tiempo indefinido sea rechazado y temido por el empresario, en razón del elevado costo de su desvinculación, no sólo económico sino también social.
Da la impresión de que ni políticos, ni empresarios ni sindicalistas quieren asumir la realidad incuestionable de que el llamado “mercado de trabajo” no es un solo “mercado”; que en cada sector de actividad económica se dan circunstancias muy peculiares que lo diferencian de los demás; que ya sea la rigidez o la flexibilización de la normativa en vigor perjudica al todo; que no hay recetas mágicas; que la generación de empleo depende de la configuración y aplicación de un conjunto de medidas que dinamice la actividad empresarial y no de un gesto o iniciativa aislada, como la reducción de la jornada de trabajo, que por sí sola y sin ninguna otra medida poco o nada puede aportar para solucionar el problemas del desempleo, si es que de verdad aporta algo. Al empleo le ocurre como al fútbol. Todos sabemos quiénes deben jugar en la selección nacional, y la verdad es que muy pocos tenemos un conocimiento serio y cabal de las más elementales reglas de este juego.
ACCIÓN DE MAYOR CALADO
Por otra parte, en nuestro país el empleo es sólo una de las áreas de competencia del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, con menor relevancia en el conjunto de la acción de gobierno de la que, en mi opinión, debería tener, pues limita su actividad, en gran medida, a una gestión burocrática y estadística de conteo de las contrataciones efectuadas en períodos de tiempo determinados.
Si el empleo es el problema de mayor envergadura con que se enfrenta la sociedad actual, parece lo más razonable que se estructure al respecto una acción de gobierno y empresarios de mayor calado, de forma que no se limite exclusivamente su área de acción –en el caso del gobierno- a la gestión de las prestaciones públicas de asistencia a los desempleados, sino al desarrollo y coordinación de políticas integradas cuyo objetivo sea la generación de oportunidades de trabajo. No olvidemos que una sociedad sana, ética y económicamente, es la que mayor nivel de ocupación es capaz de generar para sus ciudadanos.
La posibilidad de generar empleo en una sociedad que por principio intenta ocupar menos mano de obra, y más especializada, para resultar más competitiva, exige en todo caso, para superar esta contradicción, un esfuerzo solidario de todos los agentes sociales, políticos y económicos; un análisis valiente y certero de la realidad, y una dosis considerable de imaginación y disciplina colectiva e individual.
ACTUALIZAR HABILIDADES
En mi opinión, y a la luz de las tendencias observadas en economías más desarrolladas, el secreto a voces para dinamizar el empleo está en la empleabilidad, es decir, en la capacidad de actualización de las habilidades profesionales del trabajador a la oferta de trabajo que genera la actividad económica. Este concepto exige que el trabajador esté cabalmente informado, y sin dramatismo, de que su vida profesional difícilmente va a desenvolverse en una sola empresa. Más, por el contrario, que va a resultar inevitable que a lo largo de ésta se vea obligado no sólo a cambiar de empresa, sino también de actividad, lo que implica que tiene que mantener actualizada su capacidad profesional para poder acceder a otro empleo cuando pierda el que tiene. Así como que ha de estar en disposición de cambiar su lugar de residencia en función de las oportunidades de ocupación.
ASIGNATURA PENDIENTE
El trabajador habrá de asumir, en consecuencia, que la movilidad funcional y geográfica serán escenarios normales en los que ha de plantearse su vida profesional y que, asumidas estos escenarios, su mayor o menor empleabilidad depende de su bagaje educativo o de formación en gran medida,
Es evidente que el sistema educativo desde adaptarse a esta realidad y por ello el trabajador tiene que contar con facilidades para poder mantener actualizadas sus habilidades y competencias profesionales. Además, pienso, que nuestro sistema educativo no es capaz de proporcionar al ciudadano, que pretende vivir de su trabajo, las capacidades, genéricas y específicas, que la actividad económico-empresarial contemporánea exige. La formación profesional de los trabajadores es una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad. Todo apunta a que la inoperancia del sistema de formación actual es en gran medida uno de los elementos causantes de los desajustes entre la oferta y la demanda de mano de obra calificada. Estamos ante una coyuntura que exige tomar seria constancia del problema, particularmente cuando nuestra mirada se detiene en los trabajadores de nivel más operativo.
Pensar que somos capaces de corregir las deficiencias de nuestro sistema educativo y de formación sencillamente por que hay un grave problema de empleo en nuestra sociedad es bastante irreal. Aprovechar este momento para empezar a reflexionar y debatir las medidas a implantar para superar las deficiencias del sistema, y experimentar al respecto, es la conducta idónea para que, en un plazo no muy largo, seamos capaces de adaptar el sistema educativo y de formación a los requerimientos ocupacionales de la actividad económica.
NUEVA CULTURA
Este esfuerzo de solidaridad exige también que el empresario modifique su conducta y también actitudes y así de paso a una nueva cultura organizacional. Tendremos que llegar a un modelo de empresa totalmente distinto por cuanto deberá asumir el compromiso de mantener actualizada la empleabilidad de sus trabajadores a través de la formación profesional permanente, a la vez que deberá colaborar en la búsqueda de empleo para aquellos trabajadores que se ven obligados a cesar en ella e, incluso, subcontratar con ellos determinados productos o servicios.
En definitiva, el compromiso con la empleabilidad implica una redefinición de la empresa como elemento de aprendizaje continuo y como comunidad organizada de elevado contenido solidario. El reto del empleo exige ya que estos compromisos sean efectivos y que termine tanta retórica vacía de contenido.
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